POR VALENTINA R. | Periodista de Hogar & Bienestar
Hace dos veranos, dejé de disfrutar mi terraza. No exagero. Cada vez que sacaba las sillas, encendía el asador y ponía la mesa afuera, lo mismo pasaba: a los cinco minutos aparecían. Primero uno, después diez, después una nube entera de mosquitos que convertía la noche en una pesadilla de picaduras, ronchas y rascado.
Mi hija menor de cuatro años se despertaba llorando a las tres de la mañana. Mi marido se rascaba los brazos hasta hacerse marcas. Y yo seguía gastando fortunas en espirales, pastillas eléctricas, sprays con DEET y velas de citronela que llenaban el ambiente de humo pero no servían para nada.
Lo peor no era la picazón. Era el miedo. Porque en Argentina, un mosquito ya no es solo una molestia: puede ser dengue.
⚠️ El dato que nadie quiere escuchar
Argentina atravesó en 2024 su peor brote de dengue de la historia, con más de 500.000 casos confirmados. El Aedes aegypti —el mosquito que transmite la enfermedad— ya está presente en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Santa Fe y el litoral. No es un problema de zonas tropicales: está en tu barrio.
Así que cuando mi vecina Florencia —mamá de tres, igual de desesperada que yo— me dijo que había encontrado algo que realmente funcionaba, la escuché.
"Mirá, yo tampoco le creía. Pero desde que lo puse en la galería, no me pica más nadie. Ni los chicos, ni los perros, nadie."
Me contó que había descubierto el ChauMosquito™: un dispositivo que usa tecnología UV de 365 nanómetros —la frecuencia exacta que los mosquitos siguen instintivamente, la misma del agua quieta y el claro de luna— para atraerlos y eliminarlos al instante con una descarga eléctrica de baja tensión. Sin veneno. Sin olor. Sin pastillas que cargar.
No voy a mentir: al principio lo miré con cara de "sí, como no". Soy periodista, no me la cuento fácil. Pero lo probé. Y lo que pasó esa primera noche cambió por completo mis veranos.
La prueba real: ¿qué pasó la primera noche?
Puse el ChauMosquito™ en un rincón de la terraza, lo encendí —un clic, listo, sin configuración— y esperé. En menos de diez minutos empecé a escuchar el sonido de las descargas: pequeños "clic" que me indicaban que cada mosquito que se acercaba encontraba su destino final.
Me senté en la reposera con un vaso de Malbec. Esperé. Nada. Ninguna picadura. Ningún zumbido en el oído. Ningún saltar de la silla para matar uno en el brazo.
"Después de veinte minutos en la terraza sin una sola picadura, me serví otra copa. Fue la primera vez en dos años que disfruté una noche afuera sin preocuparme por los mosquitos."
Al otro día lo llevé al parque Centenario cuando fuimos con los nenes. Lo pusimos en el suelo, alejado de nosotros. En una hora no hubo una sola queja de ninguno de los chicos. Ninguna roncha al volver a casa.

¿Por qué funciona cuando todo lo demás falló?
La clave está en la ciencia. Los mosquitos no vuelan al azar: siguen señales específicas. La más poderosa es la luz UV en la longitud de onda de 365 nanómetros —la misma frecuencia que emite la superficie del agua quieta y el resplandor nocturno, señales que los mosquitos asocian instintivamente con su hábitat de cría.
La mayoría de los dispositivos del mercado usan luz genérica de espectro amplio. El ChauMosquito™ usa exactamente esa frecuencia de 365nm —la que actúa como un imán irresistible para los mosquitos. Una vez que se acercan, el electrodo de baja tensión los elimina en décimas de segundo. Sin humo. Sin químicos. Sin ruido.

Chau mosquitos. Hola verano de verdad.
Contacté al equipo de ChauMosquito™ para entender más. Me contaron que desarrollaron el dispositivo después de años de investigación buscando la alternativa perfecta a los repelentes con DEET y permetrina —tóxicos para chicos y mascotas— y a los espirales que llenan el ambiente de humo cancerígeno.
El resultado: un aparato que elimina mosquitos, pulgones, polillas y otros insectos voladores con una eficacia 7 veces superior a los dispositivos comunes del mercado. Portátil, recargable (USB y panel solar), resistente al agua, con linterna incorporada y batería de hasta 24 horas.
Lo que me sorprendió más no fue que funcionara. Fue que mis vecinos me empezaran a preguntar dónde lo había conseguido a los tres días de usarlo.





