Entiendo por qué probaste lo que probaste. Cualquier persona en tu situación hubiera hecho lo mismo.
Pero hay razones muy específicas por las que ninguna de esas cosas toca El Ciclo de Hambre Articular:
Los antiinflamatorios orales — ibuprofeno, diclofenac, naproxeno — actúan en todo el cuerpo. Llegan a la rodilla con concentración muy reducida. Tomados por meses, reducen los proteoglicanos que el cartílago necesita. Te duele menos. El cartílago está peor.
Las cremas y geles tópicos penetran la piel pero raramente atraviesan la cápsula articular. Son un alivio superficial.
Las rodilleras mejoran la estabilidad mecánica — pero no reducen la inflamación ni aumentan la circulación sinovial.
La kinesiología es la más efectiva — pero solo mientras se hace. Cuando dejan de ir, el ciclo vuelve. Y en el sistema argentino, la constancia es casi imposible para muchos.
Las inyecciones de cortisona apagan la inflamación artificialmente por semanas. Pero inhiben la síntesis de colágeno tipo II — exactamente el que forma el cartílago articular. Con cada inyección repetida, el cartílago que queda se vuelve más frágil.
Los suplementos orales — glucosamina, condroitina, colágeno — tienen un problema de entrega: el cartílago no tiene vasos sanguíneos propios. El porcentaje que llega es mínimo.
Cada uno falló por razones mecánicas, no por falta de voluntad tuya.