La verdadera razón de la flacidez de tu cara a partir de los 45 (pista: no es tu piel)
Y el ritual de 5 minutos al día que está haciendo que miles de mujeres cancelen su turno con el bótox.
Abrí la cámara del celular sin querer y no reconocí a la mujer que me miraba.
Estaba en el living de casa, esperando a que cargara una app…
La pantalla se puso negra un segundo, se encendió la cámara frontal, y ahí estaba ella.
Una mujer con la cara cansada, derretida. La papada creciendo.
Las líneas marcadas. La piel como si le sobrara un poco por todas partes.
Tenía mi pelo. Mis ojos. Mi nariz.
Pero no era yo. O peor: sí era yo, y ese era el problema.
Cerré la cámara, me quedé quieta un rato, y lloré…
Un llanto de esos que te aguantás para que nadie te escuche.
Porque hacía dos años que venía fingiendo que no pasaba nada.
Y en ese momento, con esa luz, ya no pude fingir más.
Todo empezó con un "te ves cansada"
A los 51, empecé a notar algo raro. Nada grave.
Solo que en el espejo del baño veía que mi cara ya no era la de antes.
Me tomé un colágeno en polvo. Compré otra crema. Seguí con mi vida.
Pero no se quedó ahí.
Primero fue el espejo. Después, el maquillaje…
Ya no me arreglaba para verme bien. Me arreglaba para que no se notara.
Después fueron las fotos.
En las cenas, en los cumpleaños, yo era la que decía "ya no salgo bien en ninguna".
Me ofrecía a sacar yo la foto. Siempre.
Era mi truco: la que saca la foto no sale en la foto.
Después las videollamadas. Apagaba la cámara o me sentaba contra la ventana, buscaba el ángulo.
Me sabía los ángulos como una influencer. Yo, que nunca me interesó ninguna de esas cosas.
Mi marido, Andrés, me decía "estás hermosa". Y yo le creía la intención.
Pero una se mira todos los días. Una sabe.
El día que toqué fondo fue en el cumpleaños de mi hija.
Alguien dijo "foto de familia", y yo hice lo de siempre: "dale, se las saco yo". Y mi nieta, delante de todos, dijo:
"Abuela, vení, que nunca salís en las fotos."
Nunca salís en las fotos…
Sonreí, salí en la foto, y esa noche vi la foto y supe que ella tenía razón.
Hacía dos años que me escondía de mi propia vida.
No me dolía nada. No estaba enferma.
Pero estaba desapareciendo…
Evento a evento, foto a foto, día a día.
Probé de TODO. Y cuando digo de todo, es de todo
Antes de contarte lo que por fin funcionó, tenés que saber lo que NO funcionó.
Porque estoy casi segura de que vos hiciste lo mismo.
Las cremas. La de $35.000, la de $60.000, el sérum de $85.000 que venía en un gotero muy serio.
Hidratan, sí. La piel queda linda, suave.
Pero la flacidez sigue exactamente donde estaba.
Entre cremas y sérums se me iban entre $400.000 y $700.000 por año. Todos los años.
La piedra gua sha. Y ojo, te soy sincera: para deshinchar la cara a la mañana sí funciona.
Pero la flacidez seguía exactamente igual.
Los ejercicios faciales de YouTube. Hice muecas delante del celular durante meses…
Era cansador: se me acalambraban las manos de tanto estirarme y sujetarme la piel.
Incómodo y eterno. Resultado: nada.
La radiofrecuencia en gabinete. $45.000 la sesión. Compré el pack de 5: $190.000.
Salía del gabinete viéndome mejor, es verdad. Pero a los pocos días todo volvía a su lugar.
Me di cuenta de que era algo temporal. Y listo.
Y entonces hice lo que hace cualquier mujer cuando ya no sabe qué más probar…
El bótox: me lo puse tres veces en poco más de un año
Y te lo cuento como nadie te lo cuenta.
Pero antes tengo que decir que para las líneas, sí funciona. A mí me dejaba la frente lisa durante unos meses.
Pero bueno, lo primero, la plata…
Entre $150.000 y $480.000 por sesión, según las zonas, cada 3 o 4 meses, porque se absorbe y hay que volver.
Yo me hacía dos zonas, unas tres veces al año: hacé la cuenta, más de $740.000 al año.
Todos los años. De por vida.
Lo segundo, la sensación. Nadie te avisa de lo rara que te queda la cara.
Apretada. Como plastificada. Me reía a carcajadas en una cena y notaba que la mitad de la cara no me acompañaba.
Una no sabe cuánto habla con la cara hasta que la cara deja de hablar.
Y me cansé. Me cansé de la cara apretada, de no reconocer mi propia sonrisa.
Me cansé de las agujas, de los turnos, de la cuenta. Me cansé de todo este quilombo.
Y lo peor llegó cuando lo dejé. Toda la flacidez que tenía antes volvió. Y se me veía peor que al principio.
El presupuesto que me hizo llorar en el auto
Después de mi experiencia con las agujas, pedí turno en una clínica de medicina estética para preguntar por lo "definitivo".
Sala de espera preciosa, diplomas en la pared, una doctora muy amable.
Me miró la cara con una luz blanca y me armó el plan: hilos tensores. Y si quería algo realmente duradero, lifting quirúrgico.
Los hilos: entre $650.000 y $1.100.000. Tensan un año, año y medio. Cicatrices. Días de cara hinchada.
El lifting: entre $2.500.000 y $6.000.000. Anestesia general. Semanas de recuperación.
Le pregunté si el resultado quedaba natural. Y la doctora, muy honesta, me dijo:
"Depende mucho de cómo cicatrice cada piel".
Salí de ahí, me senté en el auto y lloré…
No por la plata. Porque me di cuenta de que las únicas opciones que me quedaban eran o peligrosas o irreversibles.
Y todas conocemos a alguien que se operó y quedó como otra persona.
Volví a casa sin hacerme nada.
Y con una pregunta que no me dejaba en paz:
Si no quería seguir pinchándome ni pasar por quirófano, ¿qué me quedaba?
Lo que me dijo una amiga que hace 20 años trabaja en clínicas lo cambia TODO
Mi amiga Marce trabajó dos décadas en clínicas estéticas. Vio de todo.
Y una tarde, en un café, le solté todo:
El día que toqué fondo, las fotos, el bótox, la fortuna gastada.
Se quedó callada. Miró alrededor, como si fuera a contarme un secreto, y me dijo:
"Moni, te voy a decir algo que en la clínica prefieren que NO te diga."
"Tu problema no es la piel. Es el músculo."
Yo la miré sin entender.
"Debajo de la piel de la cara tenés más de 40 músculos."
"Son los que sostienen todo: la mandíbula, los pómulos, el óvalo facial."
"Con los años, si no se ejercitan, pierden tono. Igual que cualquier músculo del cuerpo que no usás. Y cuando el músculo afloja, la piel que lleva encima se viene abajo."
"Aunque esa piel esté perfecta."
Y ahí me tiró la frase que me cambió la cabeza:
"La piel es la funda. El músculo es el sillón.
Vos hace años que tratás la funda de un sillón hundido."
Me quedé helada. Porque era verdad.
TODO lo que yo había probado trabajaba en la piel:
- Las cremas llegan hasta la dermis. La capa de arriba.
- El gua sha mueve líquido de la superficie. Solo drena.
- La radiofrecuencia calienta la piel. No la fortalece.
- El bótox no fortalece nada: paraliza. Y un músculo paralizado se hace débil.
- Los hilos estiran la piel. El músculo sigue sin usarse.
No era que todo hubiera fallado por casualidad.
No era mi culpa…
Es que nadie me había dicho dónde estaba el problema.
La ciencia lo viene diciendo hace años (solo que NADIE te lo había explicado)
Ese mismo día me puse a investigar. Tenía que verlo con mis propios ojos.
Y lo que encontré me dejó en shock…
Un estudio publicado en Plastic and Reconstructive Surgery siguió a 93 personas sanas durante más de 10 años, con escáneres de la cabeza.
Entraron con una media de 33 años.
El resultado: para cuando llegaron a los 43, el músculo de la cara ya había perdido hasta un 25% de su grosor.
Un 25% menos de músculo = un 25% más de flacidez.
No es que tu piel se arrugue.
Es que el músculo que la sostiene lleva años encogiendo.
Son más de 40 músculos, y funcionan como cualquier músculo del cuerpo:
Si no se ejercitan, pierden fuerza y se aflojan.
Acá viene lo bueno…
En un estudio de la Universidad Northwestern publicado en JAMA Dermatology:
Mujeres de 40 a 65 años ejercitaron los músculos de la cara durante 20 semanas.
Resultado: parecían casi 3 años más jóvenes.
Traducción: cuando el músculo de la cara se ejercita, se nota.
Entonces le hice a Marce esta pregunta: ¿y cuál es la mejor forma de entrenar el músculo de la cara?
Y sonrió.
Ahí es donde se pone interesante, me dijo.
El gym facial de 5 minutos, 4 pasos, desde casa
Lo que me contó después, me lo anoté palabra por palabra.
"La microcorriente."
Una tecnología que usa corriente eléctrica de baja intensidad para contraer y ejercitar el músculo.
Como un entrenamiento. Le dicen el gym facial.
Y no es un invento de internet.
La base científica de esta tecnología está galardonada con un Premio Nobel.
En 1991, los investigadores Erwin Neher y Bert Sakmann lo recibieron por descubrir cómo responden las células musculares a las corrientes eléctricas.
De ahí nace la microcorriente.
Y hace décadas que se usa: primero en kinesiología y rehabilitación, después en clínicas estéticas.
Es tan potente que se utiliza para ayudar a revertir la parálisis facial.
Leé eso otra vez: hay músculos paralizados que vuelven a moverse gracias a ella.
Y en un estudio publicado en el Journal of Life Science, demostró aumentar hasta un 500% la fuerza de la musculatura facial.
Quinientos por ciento…
Eso sí, me dijo Marce, en la clínica cada sesión cuesta entre $40.000 y $60.000.
Por eso, cuando una clienta no quiere turnos y pagar tanto por sesión, ella le recomienda otra cosa…
Un dispositivo que podés usar en casa. La misma tecnología, pero tuya.
Y la sesión es de 4 pasos:
- Te limpiás la cara.
- Te aplicás un gel conductor (el gel es lo que lleva la corriente al músculo; te sirve cualquier gel de aloe o crema en gel que tengas en casa).
- Elegís la intensidad.
- Y lo deslizás por las zonas del rostro que querés tonificar.
Eso es todo. Cinco minutos al día.
Es un gym facial, me dijo.
Cada sesión contrae y ejercita los más de 40 músculos que te sostienen la cara.
- Un músculo que se ejercita, se fortalece.
- Cuando el músculo se fortalece, se levanta.
Y la piel, por fin, deja de colgar.
Yo le hice la pregunta obvia: ¿y cómo se llama?
El que les recomiendo a mis clientas se llama Valenta Lift, me dijo.
Esa noche lo busqué. Y entendí lo que me dijo Marce.
Más de 300.000 mujeres ya lo usan desde su casa.
Internet está lleno de testimonios de mujeres a las que les funcionó. Mujeres como yo.
Esto le pasó a mi cara en 21 días de gym facial
Le hice caso a Marce.
Pedí el Valenta Lift esa misma noche.
Si esto era como un gym, no tenía sentido anotarme quince días nomás.
Día 1.
Terminé la primera sesión y me vi en el espejo…
La cara se veía más despierta, la mandíbula más recogida.
El efecto duró unas horas y después se fue.
Marce me había explicado que era como cuando terminás de entrenar y los músculos se ven más llenos durante un rato.
El efecto inmediato baja, pero ya viste de lo que ese músculo es capaz.
Semana 1.
Al terminar la primera semana, empecé a notar que el efecto duraba más.
Me hacía la sesión a la mañana y, cuando llegaba la noche, la cara seguía viéndose más despierta.
No era una transformación todavía.
Y casi sin darme cuenta, esos 5 minutos se convirtieron en mi momento. Un pequeño hábito que hacía solo por mí.
Día 14.
Esos 5 minutos ya eran parte de mi día y me encantaban.
Incluso empecé a hacer la sesión antes de una cena o un evento especial.
Porque sí: me veía y me sentía mejor.
La firmeza ya no era solo el efecto del momento. Empezaba a quedarse.
Día 21.
En una videollamada del trabajo me di cuenta de que no había apagado la cámara ni buscado el ángulo perfecto.
Nada…
Y al cortar, una compañera me escribió por privado: "¿Te hiciste algo? Te veo distinta."
21 días. Eso fue todo lo que tardé en verlo.
Y eso fue solo el principio.
Hoy llevo más de 6 meses usándolo. Y hace unas semanas, en un almuerzo familiar, alguien dijo "¡foto de familia!".
Mi hermana Susana me dijo: "Vení, ponete acá conmigo." Delante de todos.
Como si fuera lo más normal del mundo.
Y tenía razón: era lo más normal del mundo.
Esa noche miré las fotos y no borré ni una.
Y Andrés (mi marido), en la cama, apagando la luz: "Estás hermosa."
Hacía dos años que me lo decía.
Pero fue la primera vez en mucho tiempo que yo también lo sentía y lo sabía.
Estuve dos años desapareciendo. Foto a foto, evento a evento, día a día.
Hoy puedo decirlo: volví.
Me volví a gustar. Recuperé mi vida.
Si la flacidez te está robando las fotos, los espejos y las ganas de verte, no tenés por qué seguir aguantando:
VER DISPONIBILIDAD Y PAGAR CONTRA ENTREGA →No soy la única
Desde que lo cuento, veo muchas mujeres con historias iguales a la mía. Estas son algunas, con sus propias palabras:
Quizá te estés preguntando…
"Si funciona tan bien, ¿por qué no me lo había contado nadie?"
Porque el negocio de siempre está montado sobre el turno en la clínica…
La gran cirugía carísima y no sobre lo que vos podés hacer en casa y a un precio justo.
No es que los profesionales sean malos: la mía, Marce, fue la primera en contármelo.
Pero ya entendés por qué no lo vas a ver anunciado en la sala de espera.
"Yo me hago bótox o rellenos. ¿Puedo usarlo?"
Sí, solo dejá pasar unas tres semanas desde tu última sesión.
Hay quien lo usa para espaciar los turnos. Y hay quien, como yo, lo usa para no necesitarlos.
"¿Y si no me funciona a mí?"
Lo devolvés. Tenés 90 días de garantía de resultados:
Si no te encantan tus resultados, escribís y te devuelven la plata. Simple.
Tengo amigas que usaron el suyo casi un mes antes de estar seguras. Tomate tu tiempo.
"¿No es demasiado barato para funcionar de verdad?"
Lo pensé. Yo, que había dejado una fortuna en cremas y todo lo demás.
Pero hacé la cuenta: no hay sala de espera que pagar, ni recepción, ni estacionamiento.
Es la misma tecnología que en la clínica cobran a unos $45.000 la sesión, hecha para tu casa.
Cada sesión te sale a unos $440. Barato no es. Es sin intermediarios.
Lo que le diría a mi amiga si me preguntara
Si estás donde yo estaba, te vas a estar preguntando dos cosas:
Cómo conseguirlo, y cómo sacarle provecho.
La segunda primero: usalo todos los días. Sobre todo cuando empieces a ver resultados.
Tu músculo lleva años sin entrenar. Las primeras 3 semanas notás el cambio.
Pero la firmeza que se queda se construye con constancia, igual que en cualquier gimnasio.
Los especialistas recomiendan un mínimo de 3 meses de uso para que los resultados se mantengan.
Y acá una cosa que nadie te cuenta: el gel es lo que lleva la corriente al músculo. No viene en la caja, y no hace falta que compres nada especial: cualquier gel de aloe o crema en gel que ya tengas en casa te sirve.
La parte difícil
Ojalá te dijera que hay para todas. No la hay.
El Valenta Lift lo tienen por lotes:
Cuando un lote se acaba, hay que esperar a la reposición.
Ya se agotó antes.
Si el enlace de abajo funciona, quedan unidades.
Si no, es que este lote ya voló…
Hablemos de lo que vale
Antes de encontrar esto, yo llevaba más de $1.500.000 gastados en un año:
Cremas de $60.000, el pack de radiofrecuencia, tres rondas de bótox, etc.
Una sesión de microcorriente en clínica: unos $45.000 y con Valenta Lift unos $440. (misma tecnología)
El lifting quirúrgico: entre $2.500.000 y $6.000.000, con anestesia y sin vuelta atrás.
El Valenta Lift vale $120.000:
- El Dispositivo Valenta Lift
- Manual de uso y video paso a paso
- Envío gratis y entrega al día siguiente
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Cada sesión te sale a unos $440.
Dicho de otra forma: por lo que cuesta 1 sesión en clínica, tenés 100 en casa.
No es magia. Es matemática.
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Usalo 45. 70. 89 días.
Si por lo que sea no te encanta lo que ves en el espejo, escribís y te devuelven la plata.
Sin preguntas incómodas.
Y acordate: el resultado se empieza a ver en unas tres semanas.
Con 90 días, tenés tiempo de sobra.
El único riesgo es no probarlo.
Estás en una encrucijada
Opción 1.
Cerrar esta página, y…
- Seguir viéndote cansada
- Seguir sintiéndote incómoda
- Seguir escondiéndote de las fotos
- Seguir buscando el ángulo en las videollamadas
- Seguir gastando en soluciones que NO sirven.
Y a fin de cuentas seguir tratando el síntoma y NUNCA el verdadero problema.
Nada cambia si nada cambia.
Opción 2.
Probarlo sin riesgo, y…
- Verte más firme y descansada
- Sentirte cómoda con vos y con cómo te ves
- Salir en la foto familiar sin pensarlo. Y no borrar ni una.
- Dentro de unas semanas, que tus amigas te pregunten qué te hiciste.
- Empezar a trabajar la firmeza desde adentro.
Y por fin dejar de tapar el síntoma y empezar a trabajar la RAÍZ del problema.
Y si no funciona para vos, lo devolvés y listo.
Pero si esperás, el lote se puede agotar.
Y tu cara va a seguir exactamente igual que hoy.
No dejes que esa sea tu historia.
— Mónica.
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